
La exposición “Pensando en ti” , que se presenta en el Antiguo Colegio de San Ildefonso y reúne más de cien óleos, collages, fotografías, cerámicas, videos y otros objetos de arte creados por Julio Galán, es una exposición que vale la pena ir a ver si uno quiere conocer una de las expresiones más interesantes de la pintura contemporánea mexicana.
Julio Galán, coahuilense, calificado como enfant terrible del arte mexicano de nuestros tiempos, comenzó joven y falleció joven hace un par de años. Desde 1992 expuso permanentemente en las grandes capitales del mundo: Amsterdam, Nueva York y Londres, entre otras. Su pintura puede ser calificada de subversiva, narcisista, fantástica, teatral, pero en todo caso transmite una experiencia psíquica de gran intensidad. A pesar de sus alegorías nacionalistas, su ironía y su humor, generalmente negro, lo que prevalece después de un recorrido por los cuadros expuestos, es su dramatismo, cierto dolor por expresado y lo vivido. De alguna manera, desgarradora resulta la búsqueda introspectiva que trasmiten las pinturas de Julio Galán. Como la exposición ocupa cuatro grandes salas del segundo piso del Colegio de San Ildefonso, resulta difícil decidir acerca de cuáles serían algunos de los cuadros más significativos de la muestra, por lo que voy a arriesgarme a tomar algunos de ellos como referencia para comentar sobre todo los aspectos relacionados con los temas de la identidad que constituyen uno de los aspectos recurrentes de su obra ( identidad individual, colectiva y múltiple).
La pintura de Julio Galán aparece como un permanente cuestionamiento acerca de su identidad, lo que hace de ella la expresión constante de su narcicismo; narcisismo recurrente, insistente, en el que su propio retrato aparece y reaparece en gran parte de su obra. Es posible que aún en aquellos trabajos en los que no está claramente retratado Galán, los niños, los individuos, o los animales sean de todos modos una representación lúdica de sí mismo. Allí donde no aparece su imagen, aparecen a veces sus iniciales, como ocurre en aquel cuadro en el que presenta un águila en el centro, rodeada de pájaros y serpentinas que envuelven las letras de su nombre y apellido “JG”. Allí, el águila y las serpentinas de colores, alusión festiva a la identidad mexicana, no pueden prescindir de su propia identidad: la de Julio Galán que son finalmente el centro de su preocupación. De esta manera y de otras, el pintor renueva y refresca la pintura nacionalista. Ya no se trata de la difusión y defensa de estos valores y símbolos nacionales, de la fiesta patria y la historia patria, sino de ponernos en relación íntima con éstas para preguntarnos y aún jugar con ello. Es el cuestionamiento posmoderno de nuestras tradiciones y de nuestros mitos; pero en Galán no es algo racional o intelectualizado, sino lúdico, personal, a veces íntimo. Su obra plasma con intensidad este profundo sentir de nuestra identidad colectiva, pero también quiere romper con el mito y con ello renueva y replantea la tradicional, digamos casi clásica, pintura nacionalista de comienzos del siglo XX. Parecería ésta una visión posmoderna, crítica y alegórica sobre la identidad nacional. Hay más sobre esto en otros cuadros: trajes de charro, ponchos mexicanos, águilas y nopales.
Si se trata de retrato, el retrato que hace de si mismo Galán no tiene nada que ver con el retrato y el autoretrato que conocemos en la mayor parte del los artistas de la pintura contemporánea. No es el de Rembrandt o el de Van Gogh, ni de todos aquellos que se acercaron a su retrato con gran realismo tratando de dar a sus expresiones aspectos introspectivos. Galán se nos presenta a través de figuras andróginas, cuerpos y torzos desnudos, muchas veces de espaldas, con tatuajes a veces, pájaros. En la última imagen de la exposición hay dos Julio Galán, uno desnudo como subiendo a la cama y otro por encima de ésta, vestido formalmente de saco, de nuevo planteando el tema de la identidad formal y la identidad ¿verdadera?. El tema de la identidad siempre en el centro de su obra: la identidad mexicana que es tal vez la más visible, recuperando trajes, símbolos y costumbres. Pero también identidades engañosas y resbaladizas: la identidad sexual, a veces con agresión, con trasgresión, con travestismo. Y es que estos son los planos en los que Galán se pregunta sobre la representación de sí mismo.
“Al cabo no me duele” : una casita con varias ventanas en las que salen como topos que tienen heridas porque se les lanzan cuchillos, ¿es el espectador el que les lanza los cuchillos? No lo sabemos pero no es fácil escapar de allí. “Si quieres puedes, pero no debes” :dos escenas, un perro y un niño en una cama, luego el perro subiendo las escaleras. ¿Es la metáfora de la propia identidad representada de manera cruda en el perro? En otros casos sus paranoias, sus fantasías desgarradoras revelan de manera más clara su dolor psíquico: el personaje con capa que busca escapar del perro que lo persigue con un cuchillo pero solo hay una ventana minúscula por la que busca salir, la alusión a la relación con la madre en muchos de sus cuadros nos revela su filiación freudiana. En otros su planteamiento místico sobre la muerte. En otros más, como en el hombre cargando el mundo, una metáfora sobre el peso que lleva sobre sus hombros.
Una experiencia fuerte y genuina que nos lleva desde la recreación de nuestras tradiciones hasta el dramatismo de una identidad dolorosa, frágil, múltiple, presentada con humor o con dolor, resulta de la obra de uno de los grandes artistas mexicanos de comienzos de este siglo.
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