
Quise adentrarme en un tema como es la arquitectura desde un punto de vista distinto, y con ello me refiero al ejemplo de la ciudad de Nueva York como eje y rector de la práctica arquitectónica del mundo moderno, pero también como impulso del nacimiento de un nuevo modo de vida metropolitano.
Desentrañar qué es este lugar, cómo funciona y cuáles son sus virtudes y desencantos, es parte de una lectura muy interesante a la que llegué buscando conocer con una mejor óptica lo que es la ciudad de Nueva York. La lectura en que me basé es el texto del conocido arquitecto Rem Koolhaas, quien elabora un manifiesto retroactivo a partir del cual yo desarrollaré un proyecto utópico de rascacielos, que respete la dinámica propuesta por el autor de Delirio de Nueva York.
Resulta muy interesante e inusitado el tema ya que NY es una ciudad en la que convergen estilos y formas arquitectónicas que en ningún otro lugar del mundo prevalecen. La arquitectura como una moda o forma de representar una cultura que durante muchos años ha tenido un desarrollo económico trepidante.
Con el objeto el de entender de mejor manera el contexto en el cual desarrollaré mi proyecto, a continuación les hablare de esta gran ciudad, desde su nacimiento hasta nuestros días.
Manhattan en sus orígenes surge como una ciudad reticular que se plantea, con fines económicos y prácticos, una apuesta futura de una isla que según Koolhaas no da espacio a nuevas interpretaciones. Una serie de bloques de manzanas que no tienen ninguna coincidencia entre sí, y a lo largo un gran parque central que supuestamente debiera de ser aquel espacio que se viese con el paso del tiempo como el único espacio fértil que colecciona gran parte de la taxonomía original de aquella isla urbanizada. Sin embargo, ni Central Park pudo escapar a la planificación de esta ciudad. Para Koolhaas Nueva York es el anti París, y el anti Londres.
Desde la creación de Coney Island como espacio de esparcimiento de aquellos citadinos que buscan salir de la gran ciudad, es visible el contraste. Mientras el extremo este se llena de criminales, inadaptados y políticos corruptos, se genera una pugna por la isla entorno al puritanismo y el buen gusto.
El Luna Park, que se convirtió en uno de los primeros gestos del movimiento moderno en Coney Island, es calificado como ¨el mayor edificio de atracciones del mundo a prueba de incendios ¨ y cuyo el aislamiento dentro de Coney Island hace de él un blanco de pruebas ideal para la arquitectura.
En Coney Island se pueden tener múltiples experiencias en un mismo día, tales como: El terremoto de San Francisco, La quema de Roma, y Moscú, distintas batallas navales, la inundación de Galveston, y la erupción del Vesubio entre muchas más, siempre con el mejor despliegue eléctrico. ¨Cada pesadilla exorcizada en Dreamland es un desastre evitado en Manhattan¨.
Para principios de siglo XX resulta ser visible la cultura de la construcción y de la destrucción, ambos territorios producto de la predominante cultura que Manhattan procreaba.
Este mismo modelo se extiende por todos los Estados Unidos y consistentemente esta ¨tecnología de lo fantástico¨ que conspira contra la realidad del mundo exterior. Sin embargo la revolución que todo esto ha dejado a su paso genera polémica y las críticas no se hacen esperar, lo potencialmente sublime se critica por ser barato e irreal. ¨Basada en un análisis falso su solución está condenada a resultar irrelevante¨
Durante 1911 se produce un incendio en Dreamland. Dicho incendio se extiende velozmente y en tres horas Dreamland queda reducido a cenizas. La falta de una conexión al mar hace que el infierno se propague y los animales
¨amaestrados¨ sean los primeros en sucumbir gracias a la ausencia de sus propios instintos.
Los rascacielos se hacen presentes, ¨no hay un camino fácil para ir de la tierra a las estrellas¨ sin embargo el teorema que propone la torre del globo en el año de 1909 supone una nueva era en el desarrollo de los esquemas urbanos. El elevador junto con la estructura de acero se convierte en la base que fundamenta el funcionamiento de los rascacielos.
84 planos del tamaño del terreno original se interceptan para formar las esbeltas estructuras que albergan un sin número de actividades imprevisibles como anteriormente la parcela lo denotaba.
¨Cuanto más alto sube el rascacielos, mas difícil resulta reprimir su latente ambición revolucionaria¨. En determinado momento todos esos metros cuadrados se multiplicaron exponencialmente. Y no existe ley alguna que pueda determinar límites.
¨En Nueva york viajamos hacia el cielo además de hacerlo por la superficies¨ comenta el futurista Starret.
Durante este proceso, la separación entre lo que sucede al interior de lo que sucede al exterior, tal como lo menciona Koolhaas, hace referencia a una lobotomía entre el contenedor y el contenido como desconectando las emociones de los procesos del pensamiento. Se convierte en una forma que esconde la vida cotidiana, de no querer mostrar lo que sucede al interior verdaderamente.
El proyecto de Murray cobra fuerza y se comienza a proyectar en todo Manhattan a manera de jardín italiano para esas masas metropolitanas que representan mundos ideales alejados de la realidad.
Es cuando se comienza a estudiar la ley de zonificación de la ciudad, cuando surge un connotado arquitecto llamado Ferris, que busca estudiar las problemáticas emanadas de la ”nueva ley de zonificación” y plantea una nueva forma de hacer arquitectura, rompiendo con los estilos preestablecidos y las normas que hacían de estos edificios volúmenes rudimentarios.
Durante el año de 1929 aparece el libro de Ferris. Un libro enteramente dedicado al estudio del manhattanismo, y pronto queda patente que la gran depresión daba posibilidad a pensar en lo realizado, dadas las circunstancias que no permitían continuar con ese paso implacable en la explosión urbana de Nueva York.
Harvey Willey Corvett, destacado teórico, desarrolla una propuesta que consiste en proponer un novedoso sistema para poder dar mayores dimensiones a las calles y que éstas no se vean colapsadas por el modo de vida de la ciudad. La “cultura de la congestión” se convierte en parte primordial del desarrollo de la identidad neoyorkina. Es decir sólo la congestión puede generar la súper casa, la mega aldea y finalmente la Venecia modernizada y automovilística.
Con estas nuevas normativas surgen la Torre Chrysler y el Empire State, símbolos hasta nuestros días de esta ciudad, junto con ellos el Waldorf Astoria una mansión que poco a poco fue cobrando dimensiones impactantes, muestra de la prosperidad y el asenso social que muchos migrantes luchaban por obtener.
En Mirrors of New York, Benjamin de Casseres comentó: “en Nueva York celebramos la misa negra del materialismo. Somos concretos. Tenemos cuerpo. Tenemos sexo. Somos varones hasta la médula. Divinizamos la materia, la energía, el movimiento y el cambio.” Este rasgo neoyorquino se revela en el Down Town Athletic Club que es un “condensador social constructivista” . Ubicado frente a la jungla financiera de Wall Street, en sus instalaciones deportivas ofrece todo para restablecer físicamente el cuerpo humano: es una “máquina para solteros metropolitanos.”
Raymond Hood es quien mejor puede conciliar los rasgos irreconciliables de la doctrina del manhattanismo. Hood concibe una ciudad de torres para resolver los problemas de sobrepoblación de Nueva York en donde intenta hacer posible que la arquitectura sirva como refugio a las actividades humanas. El proyecto de “ciudad dentro de la ciudad” hacia los años 1950, creando montañas para lograr resolver la congestión. “La congestión se ha eliminado de las calles y ahora es engullida por la arquitectura.” Las montañas de Hood materializan la ley de zonificación de 1916 y la idea de la megaaldea.
Congestión con luz y espacio, una paradoja que parecía irreconciliable, se consigue en el corazón del Rockefeller Center en donde debe conciliarse lo hermoso con un centro comercial adecuado a los altos ingresos que genera. “Obra maestra sin un genio”, en la que confluyen talentos de arquitectos, ingenieros, hombres del mundo financiero, abogados, etc.
En el Rockefeller Center se cumplen todas las promesas de Manhattan porque logra resolver todas las paradojas. Su edificación logra resolver en sí mismo todos los estilos, desde la arquitectura griega hasta el Taj Mahal, y todas las bondades: belleza, utilidad, dignidad y servicio.
Desde los orígenes, pasando por la construcción del Rockefeller Center y después la nueva Welfare Island 1975-1976 y el Hotel Esfinge, Manhattan ha sido el escenario en donde se representa perpetuamente la más reciente expresión de la civilización occidental. Nuevas tecnologías, nuevas búsquedas de expresión artística y arquitectónica se conjugan en el laboratorio urbano en el que la cogestión y la explosión demográfica obligan a la ciudad a reinventarse cada día. ¨Una fábrica de lo artificial donde lo natural y lo real han dejado de existir¨.
El libro de Koolhaas es una invitación a los arquitectos del siglo XXI para que consigan renovar y refrescar la propuesta del mantattanismo, a partir del análisis de su historia constructiva, conscientes de las “extravagantes y megalómanas pretensiones, ambiciones y posibilidades de la metrópoli.”
Rem Koolhaas, Delirio de Nueva York, trad. Jorge Sainz. Barcelona ed Gustavo Gil, 2004
Desentrañar qué es este lugar, cómo funciona y cuáles son sus virtudes y desencantos, es parte de una lectura muy interesante a la que llegué buscando conocer con una mejor óptica lo que es la ciudad de Nueva York. La lectura en que me basé es el texto del conocido arquitecto Rem Koolhaas, quien elabora un manifiesto retroactivo a partir del cual yo desarrollaré un proyecto utópico de rascacielos, que respete la dinámica propuesta por el autor de Delirio de Nueva York.
Resulta muy interesante e inusitado el tema ya que NY es una ciudad en la que convergen estilos y formas arquitectónicas que en ningún otro lugar del mundo prevalecen. La arquitectura como una moda o forma de representar una cultura que durante muchos años ha tenido un desarrollo económico trepidante.
Con el objeto el de entender de mejor manera el contexto en el cual desarrollaré mi proyecto, a continuación les hablare de esta gran ciudad, desde su nacimiento hasta nuestros días.
Manhattan en sus orígenes surge como una ciudad reticular que se plantea, con fines económicos y prácticos, una apuesta futura de una isla que según Koolhaas no da espacio a nuevas interpretaciones. Una serie de bloques de manzanas que no tienen ninguna coincidencia entre sí, y a lo largo un gran parque central que supuestamente debiera de ser aquel espacio que se viese con el paso del tiempo como el único espacio fértil que colecciona gran parte de la taxonomía original de aquella isla urbanizada. Sin embargo, ni Central Park pudo escapar a la planificación de esta ciudad. Para Koolhaas Nueva York es el anti París, y el anti Londres.
Desde la creación de Coney Island como espacio de esparcimiento de aquellos citadinos que buscan salir de la gran ciudad, es visible el contraste. Mientras el extremo este se llena de criminales, inadaptados y políticos corruptos, se genera una pugna por la isla entorno al puritanismo y el buen gusto.
El Luna Park, que se convirtió en uno de los primeros gestos del movimiento moderno en Coney Island, es calificado como ¨el mayor edificio de atracciones del mundo a prueba de incendios ¨ y cuyo el aislamiento dentro de Coney Island hace de él un blanco de pruebas ideal para la arquitectura.
En Coney Island se pueden tener múltiples experiencias en un mismo día, tales como: El terremoto de San Francisco, La quema de Roma, y Moscú, distintas batallas navales, la inundación de Galveston, y la erupción del Vesubio entre muchas más, siempre con el mejor despliegue eléctrico. ¨Cada pesadilla exorcizada en Dreamland es un desastre evitado en Manhattan¨.
Para principios de siglo XX resulta ser visible la cultura de la construcción y de la destrucción, ambos territorios producto de la predominante cultura que Manhattan procreaba.
Este mismo modelo se extiende por todos los Estados Unidos y consistentemente esta ¨tecnología de lo fantástico¨ que conspira contra la realidad del mundo exterior. Sin embargo la revolución que todo esto ha dejado a su paso genera polémica y las críticas no se hacen esperar, lo potencialmente sublime se critica por ser barato e irreal. ¨Basada en un análisis falso su solución está condenada a resultar irrelevante¨
Durante 1911 se produce un incendio en Dreamland. Dicho incendio se extiende velozmente y en tres horas Dreamland queda reducido a cenizas. La falta de una conexión al mar hace que el infierno se propague y los animales
¨amaestrados¨ sean los primeros en sucumbir gracias a la ausencia de sus propios instintos.
Los rascacielos se hacen presentes, ¨no hay un camino fácil para ir de la tierra a las estrellas¨ sin embargo el teorema que propone la torre del globo en el año de 1909 supone una nueva era en el desarrollo de los esquemas urbanos. El elevador junto con la estructura de acero se convierte en la base que fundamenta el funcionamiento de los rascacielos.
84 planos del tamaño del terreno original se interceptan para formar las esbeltas estructuras que albergan un sin número de actividades imprevisibles como anteriormente la parcela lo denotaba.
¨Cuanto más alto sube el rascacielos, mas difícil resulta reprimir su latente ambición revolucionaria¨. En determinado momento todos esos metros cuadrados se multiplicaron exponencialmente. Y no existe ley alguna que pueda determinar límites.
¨En Nueva york viajamos hacia el cielo además de hacerlo por la superficies¨ comenta el futurista Starret.
Durante este proceso, la separación entre lo que sucede al interior de lo que sucede al exterior, tal como lo menciona Koolhaas, hace referencia a una lobotomía entre el contenedor y el contenido como desconectando las emociones de los procesos del pensamiento. Se convierte en una forma que esconde la vida cotidiana, de no querer mostrar lo que sucede al interior verdaderamente.
El proyecto de Murray cobra fuerza y se comienza a proyectar en todo Manhattan a manera de jardín italiano para esas masas metropolitanas que representan mundos ideales alejados de la realidad.
Es cuando se comienza a estudiar la ley de zonificación de la ciudad, cuando surge un connotado arquitecto llamado Ferris, que busca estudiar las problemáticas emanadas de la ”nueva ley de zonificación” y plantea una nueva forma de hacer arquitectura, rompiendo con los estilos preestablecidos y las normas que hacían de estos edificios volúmenes rudimentarios.
Durante el año de 1929 aparece el libro de Ferris. Un libro enteramente dedicado al estudio del manhattanismo, y pronto queda patente que la gran depresión daba posibilidad a pensar en lo realizado, dadas las circunstancias que no permitían continuar con ese paso implacable en la explosión urbana de Nueva York.
Harvey Willey Corvett, destacado teórico, desarrolla una propuesta que consiste en proponer un novedoso sistema para poder dar mayores dimensiones a las calles y que éstas no se vean colapsadas por el modo de vida de la ciudad. La “cultura de la congestión” se convierte en parte primordial del desarrollo de la identidad neoyorkina. Es decir sólo la congestión puede generar la súper casa, la mega aldea y finalmente la Venecia modernizada y automovilística.
Con estas nuevas normativas surgen la Torre Chrysler y el Empire State, símbolos hasta nuestros días de esta ciudad, junto con ellos el Waldorf Astoria una mansión que poco a poco fue cobrando dimensiones impactantes, muestra de la prosperidad y el asenso social que muchos migrantes luchaban por obtener.
En Mirrors of New York, Benjamin de Casseres comentó: “en Nueva York celebramos la misa negra del materialismo. Somos concretos. Tenemos cuerpo. Tenemos sexo. Somos varones hasta la médula. Divinizamos la materia, la energía, el movimiento y el cambio.” Este rasgo neoyorquino se revela en el Down Town Athletic Club que es un “condensador social constructivista” . Ubicado frente a la jungla financiera de Wall Street, en sus instalaciones deportivas ofrece todo para restablecer físicamente el cuerpo humano: es una “máquina para solteros metropolitanos.”
Raymond Hood es quien mejor puede conciliar los rasgos irreconciliables de la doctrina del manhattanismo. Hood concibe una ciudad de torres para resolver los problemas de sobrepoblación de Nueva York en donde intenta hacer posible que la arquitectura sirva como refugio a las actividades humanas. El proyecto de “ciudad dentro de la ciudad” hacia los años 1950, creando montañas para lograr resolver la congestión. “La congestión se ha eliminado de las calles y ahora es engullida por la arquitectura.” Las montañas de Hood materializan la ley de zonificación de 1916 y la idea de la megaaldea.
Congestión con luz y espacio, una paradoja que parecía irreconciliable, se consigue en el corazón del Rockefeller Center en donde debe conciliarse lo hermoso con un centro comercial adecuado a los altos ingresos que genera. “Obra maestra sin un genio”, en la que confluyen talentos de arquitectos, ingenieros, hombres del mundo financiero, abogados, etc.
En el Rockefeller Center se cumplen todas las promesas de Manhattan porque logra resolver todas las paradojas. Su edificación logra resolver en sí mismo todos los estilos, desde la arquitectura griega hasta el Taj Mahal, y todas las bondades: belleza, utilidad, dignidad y servicio.
Desde los orígenes, pasando por la construcción del Rockefeller Center y después la nueva Welfare Island 1975-1976 y el Hotel Esfinge, Manhattan ha sido el escenario en donde se representa perpetuamente la más reciente expresión de la civilización occidental. Nuevas tecnologías, nuevas búsquedas de expresión artística y arquitectónica se conjugan en el laboratorio urbano en el que la cogestión y la explosión demográfica obligan a la ciudad a reinventarse cada día. ¨Una fábrica de lo artificial donde lo natural y lo real han dejado de existir¨.
El libro de Koolhaas es una invitación a los arquitectos del siglo XXI para que consigan renovar y refrescar la propuesta del mantattanismo, a partir del análisis de su historia constructiva, conscientes de las “extravagantes y megalómanas pretensiones, ambiciones y posibilidades de la metrópoli.”
Rem Koolhaas, Delirio de Nueva York, trad. Jorge Sainz. Barcelona ed Gustavo Gil, 2004
No hay comentarios:
Publicar un comentario