
Británica de origen iraquí, Zaha Hadid (1950) revoluciona la arquitectura mediante una concepción radicalmente nueva alejándose de la tipología existente. Su personalidad fuera de lo común, así como su originalidad, la propulsan al estatus de estrella, hecho único en los anales de las arquitectas.
Miembro en sus comienzos de la Office for Metropolitan Architecture, se inspira en las mismas ideas que Rem Koolhaas, es decir, crear estrechas relaciones entre las investigaciones teóricas, la práctica arquitectónica y los contextos culturales a todos los niveles. Este filosofía prosigue con la creación de su propia oficina, algunos años más tarde, y con su enseñanza en las más prestigiosas universidades. Sus desafíos constantes a las fronteras tradicionales de la disciplina son una obra experimental y su estética visionaria entusiasma a numerosos estudiantes de arquitectura, especialmente en Harvard, Yale, Columbia, Hamburgo o Viena.
La estación de bomberos, de Vitra (Weil am Rhein 1993) la dio a conocer a un amplio público.
Al cabo de unos pocos años, la carrera de Zaha Hadid coge un formidable impulso. El diseño de la Terminal Norte de Hoenheim (Estrasburgo) la lleva a ser premiada en 2003 con el Premio de la Unión Europea para arquitectura contemporánea otorgado por la fundación Mies van der Rohe. Los encargos afluyen hoy, en los Estados Unidos, Europa, Asia: Centro Nacional de Arte contemporáneo de Roma, Trampolín de salto de esquí de Innsbruck, centro científico de Wolsburg, Museo Guggengheim de Taichung en Taiwan, Estación marítima de Salerno, estación del tren de alta velocidad de Nápoles, Ópera de Cantón, Riverside Museum de Glasgow e incluso el French Line Center de Marsella.
En todos sus proyectos, Zaha Hadid rechaza constantemente los límites de la arquitectura. Formas libres y ligeras en estado de reposo, planos inclinados, líneas angulosas, volúmenes dinámicos y ritmos aleatorios animan todas sus composiciones, desde el paisaje urbano al mobiliario. Su trabajo toca nuevos conceptos espaciales en una estética visionaria. Parafraseando a Jorge Silvetti, profesor de arquitectura en Harvard, la obra de Zaha Hadid, con sus inigualables manipulaciones de muros, planos y cubiertas, con sus espacios fluidos, entrelazados y transparentes, constituye la prueba evidente de que la arquitectura ni está agotada ni tampoco está carente de imaginación.
Miembro en sus comienzos de la Office for Metropolitan Architecture, se inspira en las mismas ideas que Rem Koolhaas, es decir, crear estrechas relaciones entre las investigaciones teóricas, la práctica arquitectónica y los contextos culturales a todos los niveles. Este filosofía prosigue con la creación de su propia oficina, algunos años más tarde, y con su enseñanza en las más prestigiosas universidades. Sus desafíos constantes a las fronteras tradicionales de la disciplina son una obra experimental y su estética visionaria entusiasma a numerosos estudiantes de arquitectura, especialmente en Harvard, Yale, Columbia, Hamburgo o Viena.
La estación de bomberos, de Vitra (Weil am Rhein 1993) la dio a conocer a un amplio público.
Al cabo de unos pocos años, la carrera de Zaha Hadid coge un formidable impulso. El diseño de la Terminal Norte de Hoenheim (Estrasburgo) la lleva a ser premiada en 2003 con el Premio de la Unión Europea para arquitectura contemporánea otorgado por la fundación Mies van der Rohe. Los encargos afluyen hoy, en los Estados Unidos, Europa, Asia: Centro Nacional de Arte contemporáneo de Roma, Trampolín de salto de esquí de Innsbruck, centro científico de Wolsburg, Museo Guggengheim de Taichung en Taiwan, Estación marítima de Salerno, estación del tren de alta velocidad de Nápoles, Ópera de Cantón, Riverside Museum de Glasgow e incluso el French Line Center de Marsella.
En todos sus proyectos, Zaha Hadid rechaza constantemente los límites de la arquitectura. Formas libres y ligeras en estado de reposo, planos inclinados, líneas angulosas, volúmenes dinámicos y ritmos aleatorios animan todas sus composiciones, desde el paisaje urbano al mobiliario. Su trabajo toca nuevos conceptos espaciales en una estética visionaria. Parafraseando a Jorge Silvetti, profesor de arquitectura en Harvard, la obra de Zaha Hadid, con sus inigualables manipulaciones de muros, planos y cubiertas, con sus espacios fluidos, entrelazados y transparentes, constituye la prueba evidente de que la arquitectura ni está agotada ni tampoco está carente de imaginación.
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